miércoles, 27 de julio de 2011

Un acercamiento a la música en la antigüedad

Por Gladys Figueroa Marchant



Desde  tiempos antiguos se ha considerado a la música como  la única forma artística de inagotable capacidad de asociación. Ya como expresión culta, ritual o simplemente popular, la música ha acompañado al hombre desde que este es tal.   Se trate de un   sacerdote o  el más inculto ser humano, cada uno en su ámbito, es capaz de valerse de ella. Dado lo anterior, resultaría muy ilustrativo poder tener  una aproximación a las formas  musicales  que desarrollaron las grandes culturas de la antigüedad,  con ello, se  ampliarían nuestros conocimientos sobre las mismas,  complementando lo aportado por la  arqueología, las artes visuales  y la literatura. Sin embargo, ello es mucho más complejo de lo esperado.

Aunque  algo se sabe cómo fueron las expresiones musicales de culturas tan antiguas como la egipcia y griega - por nombrar algunas de las más influyentes en la historia de occidente-, lo que ha llegado al presente es demasiado pobre en comparación al conocimiento que se posee de las otras artes del pasado. Por otra parte, en el caso egipcio, la música no ha dejado registros tangibles como para  intentar una reconstrucción de sus expresiones musicales, pues, sólo se trasmitía de maestros a alumnos.

De la importancia de la música en esta alta cultura, nos lo ilustra la amplia gama  de pictogramas y otras expresiones de arte   visual que contienen escenas musicales. En estas, se puede observar  la diversidad de instrumentos que poseían los egipcios. Algunos de estos  ya habían aparecido con los sumerios en épocas más antiguas. Entre los instrumentos más representativos  podemos mencionar: el arpa, la flauta,  la guitarra de tres cuerdas;  a los que se suman los instrumentos de percusión como el sistro. Hacia el  Imperio Nuevo los egipcios habían desarrollado una escala de siete sonidos.

Para los egipcios, la música además  tenía un uso terapéutico. El jeroglífico que se usaba para designarla, significaba a la vez bienestar y alegría.

Si  pudiéramos hacer un viaje en el tiempo para conocer la música sagrada y profana de los egipcios, lo ideal sería tomar parte de las grandiosas ceremonias conocidas como Opet, que marcaban el comienzo del año y las inundaciones del Nilo, en estas festividades la música era un componente esencial de todo el ceremonial que acompañaba el matrimonio sagrado entre el dios Amón y  la diosa Mut.

 No obstante las divagaciones que podamos hacer sobre la música de un pasado tan remoto, de encontrarnos frente a algunas de sus representaciones, lo más posible a suceder, es que no comprendiéramos lo escuchado, pues nos sonaría atonante. Esto, porque  los registros del pasado difieren enormemente de los modernos,  abriendo un abismo difícil de salvar entre la comprensión, y más aún, del simple disfrute de escuchar la música de las antiguas culturas.

Al respecto es interesante la tesis de Roman Vlad (1955), quien sostiene que el tejido musical envejece más rápidamente que el referido a las demás artes. Ello se  debe a que con el paso del tiempo, el significado se deteriora y se diluye. Mientras que de la lectura de una rapsodia homérica podemos comprender en gran parte el significado original por medio de la reconstrucción erudita, para la música, esto es imposible. Los sonidos y las sensaciones auditivas de los antiguos, los referentes que le dieron vida son imposibles de repetir. Luego a pesar de tener algunas anotaciones musicales de los griegos, no estamos en condiciones de reproducir el ethos de los fragmentos musicales encontrados. Según el autor mencionado, toda la historia de la música  esta marcada por la introducción  incesante de contextos sonoros cada vez más complejos. Al perder el contacto con formas musicales de la antigüedad, estas se nos hacen incomprensibles.




                                  Aedo griego

         Arpista egipcio.                                                                                              

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